El término de Poggiodomo es uno de los más pequeños de
Italia y el más elevado de la
Umbría. El último padrón le atribuye
apenas 172 residentes, mientras con sus casi 1000 metros de altitud domina sin parangón
los picos del
Apenino.
El hecho de ser casi absolutamente ajena a los itinerarios turísticos
más difundidos, lo convierte en un destino privilegiado para todos aquellos que
no quieran seguir el turismo de masa, sino descubrir el verdadero rostro de la
Umbría, escondido entre los pliegues más secretos de sus valles.
Los montes y las gargantas que rodean Poggiodomo encierran
el verdadero sentido del paisaje de montaña, regalando vistas y panorámicas que
no se olvidan fácilmente.
Su aislamiento por un largo periodo ha favorecido la conservación de usos y
tradiciones locales que todavía hoy mantienen su valor, además de los antiguos oficios
que durante años han caracterizado el territorio y constituido la única fuente
de sustento para los habitantes.
Sus orígenes se remontan
al siglo XIII-XIV cuando el centro de la ciudad comenzó su desarrollo junto con
el castillo surgido sobre una roca. Su historia se une en un primer momento a
las vicisitudes del Ducado de
Spoleto, acabando por recorrer las suertes de
otros municipios de la Valnerina.
Los monumentos de mayor interés histórico y turístico son la iglesia parroquial
de
San Carlos Borromeo, edificada en el 1635, la iglesia de
San
Pedro del siglo XIV y restaurada en el 1550, y más recientemente en
1981 cuando salieron a la luz antiguas decoraciones. La iglesia tiene numerosos
frescos. De particular interés es uno de los retratos más antiguos de
S.
Rita, situado sobre uno de los lados del pilar. En la parte baja se
puede leer la escritura de la impulsora: ''
Beatrice''.
En el vecino término de
Usigni se encuentra la espléndida
Iglesia
de San Salvador, una obra maestra del barroco, obra de
G. B.
Bernini. Fue realizada entre el 1631 y el 1634, con estructura de
única nave en cuyos laterales se encuentran diversas capillas.
Los interiores
tienen abundantes frescos. Es de notable prestigio la pala del altar realizada
en torno a la mitad del siglo XVII por
Guidobaldo Abatini y
Salvi
Castellucci, ambos alumnos de
Pietro da Cortona.
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