Pietro Vannucci: El Renacimiento en Città della Pieve
En Città della Pieve nace el Perugino, el ''divin pittore'' campeón del Renacimiento
Cualquiera que llega a Umbría no puede evitar
pasar por Città della Pieve. Sería
como ir a Roma y no entrar en la Capilla Sixtina, como estudiar la Historia del Arte y no conocer las
obras de Raffaello o acercarse a la
cultura italiana y no saber quien era Leonardo
Da Vinci. En Città della Pieve todos estos elementos encuentran un punto de
encuentro y de contacto, generando un corto circuito iluminador sobre el Renacimiento, uno de los periodos de
máximo florecimiento de la cultura italiana, apreciado en todos los rincones
del mundo. El punto de unión es Pietro
Vannucci, el Perugino, que nació
en Città della Pieve, fue maestro de Raffaello Sanzio, amigo de Leonardo y
autor de ''La Entrega de las Llaves''
- ''La
Consegna delle Chiavi'', obra maestra entre las obras maestras de la
Capilla Sixtina. De esta brevísima descripción se intuye la grandeza del
personaje en cuestión que se sitúa en el centro de un movimiento fascinante.
Visitando los lugares y las obras del divin pittore es posible aspirar una
bocanada de aire renacentista solamente paseando por las calles de Cittá della
Pieve. No sucede a menudo poder doblar
una esquina, entrar en un Oratorio,
el de Santa María dei Bianchi, por
ejemplo, y encontrar un fresco ''La
Adoración de los Magos'' que deja con la boca abierta. Es la obra más
importante del Perugino que ha permanecido en Cittá della Pieve, finalizada en
1504, después de su retorno de Firenze.
Una vez observado el rapto estático generado por la gracia y la dulzura de las
figuras representadas, en la obra se puede admirar un maravilloso panorama, un
paisaje que conoce bien quien desde Città della Pieve ha dedicado una mirada al
menos al lago Trasimeno y a la Valdichiana. La tradición cuenta que en
la pintura colaboró también su alumno más famoso, Raffaello, reconocible según
algunos en la figura de la Virgen y
el cachorro de perro a sus espaldas.
En la Catedrale de los Santos Gervasio y Protasio, la antigua parroquia
alrededor de la que hacia el siglo VII surgió por entero la ciudad, el Perugino
pintó dos tablas; una que representa ''El
Bautismo de Cristo'' del año 1510 y otra ''La Virgen en la Gloria y Santos'' del año 1514. Pero existen otras
dos obras que completan el itinerario en Città della Pieve. Una es la ''Descendimiento de la Cruz'' realizada
en 1517, dañada pero de la que quedan significativos fragmentos en la Iglesia de Santa María de los Siervos- Chiesa di Santa Maria dei Servi. La
otra se encuentra en la Iglesia de San
Pedro - Chiesa di San Pietro - y
representa ''San Antonio Abad entre los
Santos Pablo eremita y Marcelo'', tal vez del 1508, y en un estado de
conservación de extrema precariedad.
La concentración artística que se
realiza en los museos actuales no restituye ni siquiera una mínima parte del
valor y el encanto que puede ejercer una obra admirada en el lugar para el que
fue pensada, creada y realizada. En Città della Pieve, Pietro Vannucci ha
dejado numerosas obras y un nombre del que enorgullecerse en los siglos
venideros, al menos mientras los valores expresivos del Renacimiento y la
belleza ocupen un lugar en el mundo.
Es cada vez más difícil poder admirar
una obra de arte en el lugar donde siempre ha estado, en el lugar donde fue
colocada por primera vez, en su contexto natural. Ampliando este discurso, se
puede afirmar que toda la ciudad es el contexto natural de la obra del Perugino
y que cada calle, casa, plaza o palacio añade algo a la comprensión de su
mensaje artístico. Cittá della Pieve ha sido la cuna del divin pittore, de sus primeros recuerdos y su primera fuente de
inspiración. A juzgar por los resultados se debe concluir que ha sido una
inmejorable musa.
El mismo encanto y la misma sugestión
envuelven al visitante en la patria del Perugino y parece casi que se
espera verlo girar la esquina en alguna
calle, despeinado y con la carpeta llena de sus dibujos bien apretada bajo el
brazo. Nada parece haber cambiado desde entonces. Todo parece como si el tiempo
se hubiese detenido y el reloj hubiese retrasado 500 años sus agujas. Pero la
realidad es este magnífico presente donde afortunadamente el pasado no ha
pasado del todo, sino que revive cotidianamente. La ciudad se llena de
visitantes, turistas y gente de paso, todos empujados por el mismo deseo, el de
vivir una intensa experiencia emotiva en una de las ciudades más hermosas de
Umbría.
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