El Renacimiento de Castiglione del Lago como huella de Ascanio
Las gestas de Ascanio, el duque que hizo de Castiglione del Lago un escaparate renacentista
Los acontecimientos que se sucedieron en Castiglione del Lago se enlazan
estrechamente con los del personaje que ha dejado su huella en esta ciudad, más
que en ningún otro luga : el comandante mercenario, estratega, espadachín,
arquitecto, humanista y mecenas, el duque Ascanio
Della Corgna. No se escribirá jamás una definición capaz de captar una
personalidad tan compleja, que nos quedaríamos cortos calificandola como
polifacética. Un hombre que se sentía cómodo en el exceso, la desproporción y
en todo lo que fuese desmesurado, tal y como lo era su ambición. Sobrino de Gian Maria Ciocchi Del Monte, o bien,
del papa Julio III, Ascanio une su nombre a Castiglione en la
segunda mitad del 1500 cuando su tío cede a la familia Della Corgna todo el
territorio. Decide entonces acondicionar el lugar y elevarlo a su máxima
grandeza, haciendo construir primero el Palacio
Ducal y amueblándolo y decorándolo posteriormente con todas las maravillas
imaginables. En primer lugar un ciclo de frescos que rememoran y engrandecen su
persona y sus gestas en la sala más importante: la ''Sala de las Gestas de Ascanio''. En el resto de las salas numerosos
frescos, todos ellos de abierto estilo renacentista. Una de las salas está dedicada a las hazañas de Aníbal. Estos frescos fueron pintados por Niccolò Circignani, llamado
el ''Pomarancio'', junto a Giannantonio Pandolfi. El Palacio se
rodeó con el tiempo de magníficos jardines que lo asemejaron a un palacio real.
Toda la ciudad se transformó con la impronta de Ascanio que la dejó hermosa,
ordenada y renacentista, así como se puede admirar todavía hoy. Figuras
semejantes no se consideran al mismo nivel que el resto de los mortales;
son capitanes a veces, para enseñar a los demás hombres sobre sus posibilidades
en cualquier dirección. Raramente personalidades tíbias encuentran el coraje
necesario para realizar proyectos tan ambiciosos. A veces nace la sospecha de
que Ascanio haya actuado no por el
hecho de dejar una huella, sino por
ofrecer material a la literatura y a la pintura y poder admirar y gozar las
salas afrescadas de sus propias aventuras. ¿Para qué combartir si no?
Nos queda
todavía aprovechar la oportunidad de gozar de las bellezas producidas por la
exuberancia del ánimo de quien ha sabido interpretar el espíritu de su tiempo
al máximo nive, legándonos la visión de una corte renacentista de la que, aún
hoy, se puede apreciar su aroma y admirar su lujo y magnificencia. El visitante
se encuentra inmerso en una atmósfera de otros tiempos, en una ciudad que cada
día vuelve nuevamente a resplandecer gracias a la luz que recibe de su lago. Desde Castiglione se abre un panorama
que difícilmente podrá encontrar digno parangón. Situado, como está, sobre una
altura permite abrazar en una sola mirada todo el lago, las colinas y el
territorio que se extiende a sus pies, regalando una visión que permanece
impresa en el alma y se deposita directamente en el archivo de la memoria. Si
pensamos en el Trasimeno y en su perímentro como si fuera un preciado anillo de
oro zecchino, Castiglione del Lado sería verdaderamente el brillante más
preciado, de valor incalculable, pero accesible a todos.
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