Rita de Casia, la ''Santa de los Imposibles''
La Umbría ha sido definida como la ''Fábrica
de los Santos'', un territorio dentro del que han florecido ciertas figuras
que han llegado a ser auténticos iconos de la devoción. Una de las más
conocidas y veneradas es, sin lugar a dudas, Santa Rita de Casia, la ''Santa
de los Imposibles''.
Miles de fieles se acercan en peregrinaje cada año a Casia para dar el debido
reconocimiento a la vida, a la obra y a los milagros de una santa considerada,
más que ninguna otra, cercana a las formas más sinceras de la religiosidad
popular.
El día de su fiesta, el 22 de mayo, es el más esperado por la comunidad de
fieles que se reconocen en los valores de la cristiandad de los que Rita de
Casia, madre y mujer, es portadora, símbolo de piedad, humanidad, comprensión y
caridad.
La vida
De la vida de Santa Rita de Casia sabemos poco o nada, y gran parte de
las informaciones llegadas a nuestros días son el resultado de la reelaboración
de la tradición.
Rita Mancini nace en Roccaporena alrededor del año 1380. A pesar
de su voluntad de de orientarse hacia la vida monacal, siguió las indicaciones
de su familia y se casó a la edad de quince años con un hombre de caracter rudo
y violento. Involucrado en negocios oscuros y ambiguas ambiciones, el esposo de
Rita fue asesinado. Sus dos hijos comenzaron a planear propósitos de venganza
por la muerte del padre. Rita intentó de todos modos arrancarles la idea de
aquel desesperado proyecto. No tuvo ningún éxito, rogó a Dios para que los
acogiese en sus brazos antes de que pudiesen mancharse con un horror similar.
Su petición fue escuchada y realizada.
Una vez ya no era esposa, ni madre, decidió entrar en el monasterio de las agustinas,
las que no consintieron porque sus reglas prohibían el ingreso a las mujeres
viudas.
La tradición cuenta que a consecuencia de los continuos rechazos recibidos a su
deseo de entrar en la vida monacal, fue transportada en vuelo por sus tres
santos protectores, San Juan Bautista, San Agustín y San Nicolás
de Tolentino. A aquel punto fue aceptada.
Su vida en el monasterio fue totalmente entregada a la humildad y la
obediencia, marcada por los estigmas recibidos quince años antes de su muerte.
Una espina de la corona de Jesús se le clavó en la frente, obligándola a llevar
una vida llena de gran sufrimiento y segregación, hasta enfrentarse a la muerte
el 22 de mayo del 1457.
Su beatificación se remonta al 1627, mientras el 26 de mayo del 1900 fue
proclamada santa por el papa León XIII.
El culto ligado a Santa Rita es muy fervoroso y sentido del pueblo de fieles aun
en nuestros días, no sufre olvido, ni se relaja, siendo testimoniado cada año
por un gran número de visitantes que se agolpan en torno a la urna que custodia
sus restos.
Muchos intérpretes concuerdan en la afirmación de que el carácter espontáneo de
la devoción tributada a la santa tiene su origen en la cercanía y en la
sencillez de su mensaje, fruto de su experiencia de vida, de haber sido madre y
esposa. Estos aspectos la acercaron a la gente sencilla que pide su intercesión
para cualquier tipo de problema cotidiano familiar, pero también para solucionar
situaciones aparentemente irresolubles, enfermedades crónicas e incurables,
para cada caso cuya solución parece ''imposible''.
Sujetapapeles del viaje
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