Los testimonios arqueológicos revelan la
presencia del hombre en las inmediaciones de Gubbio desde la época del
paleolítico medio, pero la primera y verdadera ciudad fue establecida por los
Umbros, quienes fundaron
Ikuvium, un rico y potente asentamiento
cuya vida social y religiosa es descrita en las
Tablas Eugubinas. Este excepcional hallazgo se realizó en 1444 y en
la actualidad se custodia en el
Museo
Civico. Se trata de siete tablas de bronce sobre las que se ha grabado en
12 de las caras información sobre las divinidades, cultos, ritos, oraciones y
manifestaciones, pero también sobre la topografía del territorio. Algunas están
escritas en antiguo dialecto umbro con carácteres etruscos que datan del siglo
III-II a. C., otras están en latín y datan aproximadamente del siglo I a. C.
Gubbio fue la primera ciudad umbra que
hizo un pacto de alianza con Roma
(siglo III a.C.), hecho que la llevó inevitablemente a gravitar en su órbita,
hasta pasar a ser definitivamente parte de su dominio, obteniendo en el 89 a.C.
la ciudadanía romana. En aquélla época la ciudad se llamaba
Iguvium, poseía un espléndido
Teatro Romano que todavía existe y
estructuraba el centro urbano sobre el modelo clásico de origen romano, que con
facilidad se adaptará a los posteriores desarrollos medievales.
Con la caída del
Imperio Romano, Iguvium pasa a llamarse
Agobbio y queda expuesta a las frecuentes invasiones y devastaciones
de las hordas barbáras que de vez en cuando se desatan por toda la península.
Desde el
inicio del siglo XI se produce el renacimiento definitivo de la ciudad de
Gubbio y continuará bajo la dirección que le da el obispo
Ubaldo Baldassini (1128-1160), cuando la ciudad es todo un florecer
de palacios, calles y edificios sagrados. El obispo Ubaldo imprime una clara
aceleración a la vida política, social, cultural y artística, coronada por la
institución de Gubbio como Municipio libre. Es en este período cuando la ciudad
toma el aspecto que la caracterizará con los años hasta convertirla en lo que
es actualmente. Florecimiento y potencia no hacen sino crecer con el paso del
tiempo, así Gubbio extiende sus dominios territoriales derrotando a una
coalición de hasta 11 municipios liderados por
Perugia que se enfrentaron a ella. Alcanza la notable cifra de
50.000 habitante y se construyen la
Plaza del Señorío y el
Palacio de los Cónsules. La obra
social, civil y religiosa fundamental del obispo Ubaldo atravesará por completo
la historia de Gubbio, impresa en los lugares y en la memoria de los habitantes
y consagrada al papa Celestino III, que en 1192 lo proclama santo y la ciudad
su patrón.
Con el tiempo
Gubbio perderá su autonomía, pasando del señorío de la familia
Gabrielli a la del legado pontificio
Egidio Albornoz. El furor popular no
aceptó jamás esta solución, tomó el control de la ciudad y lo dio a los
Duques de Montefeltro
, cuya mejor
manifestación de gobierno se tuvo con Federico, nacido en Gubbio en 1422,
gracias a la fama de sus campañas militares, a su obra de mecenas y a la
construcción del
Palacio Ducal. En
1508 terminaba la época de los Montefeltro con la muerte de
Guidobaldo; el señorío pasó a las manos
de los
Della Rovere, hasta que la
ciudad sucumbió bajo el dominio del
Estado
Pontificio para ser, en última instancia, anexionada al
Reino de Italia en 1860.
Pero los
sucesos del pasado no acaban en la historia de Gubbio, como testimonia el
elevado tributo de sangre ofrecido por los
cuarenta
mártires eugubinos asesinados por represalias de los soldados nazis en el
curso de la
II Guerra Mundial el 22
de Junio de 1944, cuyo recuerdo permanece vivo y siempre presente en el
Mausoleo a ellos dedicado y situado en
el lugar donde acaeció el triste episodio. Los testimonios arqueológicos revelan la
presencia del hombre en las inmediaciones de Gubbio desde la época del
paleolítico medio, pero la primera y verdadera ciudad fue establecida por los
Umbros, quienes fundaron
Ikuvium, un rico y potente asentamiento
cuya vida social y religiosa es descrita en las
Tablas Eugubinas. Este excepcional hallazgo se realizó en 1444 y en
la actualidad se custodia en el
Museo
Civico. Se trata de siete tablas de bronce sobre las que se ha grabado en
12 de las caras información sobre las divinidades, cultos, ritos, oraciones y
manifestaciones, pero también sobre la topografía del territorio. Algunas están
escritas en antiguo dialecto umbro con carácteres etruscos que datan del siglo
III-II a. C., otras están en latín y datan aproximadamente del siglo I a. C.
Gubbio fue la primera ciudad umbra que
hizo un pacto de alianza con Roma
(siglo III a.C.), hecho que la llevó inevitablemente a gravitar en su órbita,
hasta pasar a ser definitivamente parte de su dominio, obteniendo en el 89 a.C.
la ciudadanía romana. En aquélla época la ciudad se llamaba
Iguvium, poseía un espléndido
Teatro Romano que todavía existe y
estructuraba el centro urbano sobre el modelo clásico de origen romano, que con
facilidad se adaptará a los posteriores desarrollos medievales.
Con la caída del
Imperio Romano, Iguvium pasa a llamarse
Agobbio y queda expuesta a las frecuentes invasiones y devastaciones
de las hordas barbáras que de vez en cuando se desatan por toda la península.
Desde el
inicio del siglo XI se produce el renacimiento definitivo de la ciudad de
Gubbio y continuará bajo la dirección que le da el obispo
Ubaldo Baldassini (1128-1160), cuando la ciudad es todo un florecer
de palacios, calles y edificios sagrados. El obispo Ubaldo imprime una clara
aceleración a la vida política, social, cultural y artística, coronada por la
institución de Gubbio como Municipio libre. Es en este período cuando la ciudad
toma el aspecto que la caracterizará con los años hasta convertirla en lo que
es actualmente. Florecimiento y potencia no hacen sino crecer con el paso del
tiempo, así Gubbio extiende sus dominios territoriales derrotando a una
coalición de hasta 11 municipios liderados por
Perugia que se enfrentaron a ella. Alcanza la notable cifra de
50.000 habitante y se construyen la
Plaza del Señorío y el
Palacio de los Cónsules. La obra
social, civil y religiosa fundamental del obispo Ubaldo atravesará por completo
la historia de Gubbio, impresa en los lugares y en la memoria de los habitantes
y consagrada al papa Celestino III, que en 1192 lo proclama santo y la ciudad
su patrón.
Con el tiempo
Gubbio perderá su autonomía, pasando del señorío de la familia
Gabrielli a la del legado pontificio
Egidio Albornoz. El furor popular no
aceptó jamás esta solución, tomó el control de la ciudad y lo dio a los
Duques de Montefeltro
, cuya mejor
manifestación de gobierno se tuvo con Federico, nacido en Gubbio en 1422,
gracias a la fama de sus campañas militares, a su obra de mecenas y a la
construcción del
Palacio Ducal. En
1508 terminaba la época de los Montefeltro con la muerte de
Guidobaldo; el señorío pasó a las manos
de los
Della Rovere, hasta que la
ciudad sucumbió bajo el dominio del
Estado
Pontificio para ser, en última instancia, anexionada al
Reino de Italia en 1860.
Pero los
sucesos del pasado no acaban en la historia de Gubbio, como testimonia el
elevado tributo de sangre ofrecido por los
cuarenta
mártires eugubinos asesinados por represalias de los soldados nazis en el
curso de la
II Guerra Mundial el 22
de Junio de 1944, cuyo recuerdo permanece vivo y siempre presente en el
Mausoleo a ellos dedicado y situado en
el lugar donde acaeció el triste episodio.
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