La riqueza de un territorio se compone de la
cantidad de historias que puede contar al visitante, y bajo este punto de vista
el entorno de Eugubino no se queda atrás. Es un libro abierto y sus páginas
merecen ser hojeadas, leídas y releídas con la intención de no dejar siquiera
una línea.
Itinerarios Históricos en la comarca de Gubbio
Gubbio ha sido definida como ''
la ciudad medieval más bella''
- ''
la più bella città
medievale'', y aunque las clasificaciones a veces resultan una
herramienta efímera, el título no parece haber sido robado. Este hecho se hace
evidente ya al primer vistazo, apenas se recorre con la vista el panorama. Es
un florecimiento de palacios almenados, imponentes y majestuosos, custodios de
la historia y de las tradiciones de un pueblo.
La arquitectura medieval en Gubbio ha dado lo mejor
de sí, llevando a cabo ambiciosos proyectos de gran talla como la realización
de la
Plaza Pensile con el
Palacio de los Cónsules - Palazzo dei Consoli - y el
Palacio Pretorio. Pero la historia de
Gubbio no se reduce a la época medieval, sino que remonta sus raíces a un
pasado lejano, un pasado del que nos habla las
Tablas Eugubinas - Tavole
Eugubine -, célebres placas de bronce escritas en latín, etrusco y
umbro antiguo, en las cuales se escriben modos, tiempos y litúrgias de antiguos
ritos y ceremonias. Gubbio fue además una importante ciudad en el periodo del
Imperio Romano, como testimonia el hecho de que en el siglo III a. C. fuese la
primera ciudad umbra que se alió a
Roma.
De este modo encontramos no lejos de las murallas el
Teatro Romano, probablemente construido en el siglo I a. C. como
lugar de ocio, que todavía hoy se utiliza con ese fin. En el período estival en
una parte del anfiteatro se realizan interesantes representaciones y
conciertos.
Pero no sólo en Gubbio el tiempo y los pueblos han
dejado las huellas de su paso. La Edad Media dejó también su señal en
Fossato di Vico, donde se descubre un extraño ejemplo de arquitectura vial: las
''rughe''. Son calles estrechas
cubiertas y bajas que en un tiempo fueron usadas como instrumento de defensa.
Merecen mención especial las ermitas de
Scheggia y
Pascelupo, la de
Sitria,
la de
San Girolamo y de
Sant'Emiliano, construidas en torno al
año 1000 y sumergidas en una naturaleza vírgen, auténtico pasaje místico hacia
lo absoluto.
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