En 1182 nace Francisco y como un nuevo sol hace de Asís el Oriente del Mundo. De este modo, fue Dante quien en el canto número XI del Paradiso fija las coordenadas
para comprender mejor las dimensiones del evento. La explosión del movimiento
franciscano desde su nacimiento no ha sufrido nunca ni frenazos, ni
detenciones, sino que como un río calcáreo ha hecho penetrar su mensaje en la
tierra, sin disminuir jamás su caudal. Francisco de Asís habla con palabras
simples, como también es simple su verdad y por eso fue inmediatamente
comprendido, seguido y amado. Pero además realizó gestos como el rechazo de la
riqueza y la elección de vivir en la pobreza. Es en el año 1206 cuando abandona
el mundo y se despoja de todos sus bienes, hasta de la ropa que le cubre,
escandalizando al padre y al obíspo de
Asís.
Se retira a la vida eremítica, pero
tenía demasiadas cosas que hacer y demasiadas que decir. Después de dos años
comienza a predicar. Inmediatamente se comprendió la grandeza de su mensaje y
desde el inicio un nutrido grupo de personas eligen vivir como Francisco en
completa pobreza, difundiendo el Evangelio. Rápidamente se difunden sus
palabras y el grupo se convierte en un movimento. El movimiento se
transforma en una orden, aprobada por
el papa Innocencio III. Las tradicionales reglas existentes no eran
suficientes para contener sus intenciones, de este modo perfila una regla toda suya que no fue aprobada en 1221;
poco después la regla de 1223 fue finalmente aprobada por el nuevo papa Honorio III. Su vida fue demasiado
intensa, con viajes por toda Europa, Africa y Oriente, hecha de pobreza. También fueron
demasiado profundos sus sufrimientos y sus males, tanto que en 1226 lo llevan a
la muerte. Dos años después de su muerte fue ya proclamado santo.
Appunti di viaggio
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